Plataforma
Quién esté familiarizado con la obra de Houellebecq sabrá el rodillo crítico, la implacabilidad analítica y la fría perspectiva que de la sociedad contemporánea tiene el autor. Desesperanzado, sus libros son una reflexión exhaustiva de los fenómenos socio-geografico-económicos que nos afectan trufados de unas conclusiones no muy alagüeñas.
Plataforma no es una excepción, pero conforma un punto y aparte en su obra por un motivo claro: el personaje principal, en todas sus obras normalmente un funcionario solitario, con dificultades para relacionarse y varios traumas de la infancia, aquí logra el amor. Es verdad que no acabará la cosa tan felizmente como se promete, pero experimenta la felicidad, algo desacostumbrado en el autor francés afincado en España.
Otra afición de Houellebecq en sus anteriores obras es jugar un poco con la ciencia ficción para contrapuntear el estado de la actualidad. Un futuro árido y solitario (Las partículas universales, Posibilidad de una isla), deshumanizado. Pero en Plataforma nos encontramos algo insólito, un personaje principal humano y que se humaniza en el transcurso de la obra, que es capaz de sentir, aunque sea por un instante. Ahora bien, esto tiene una contra-partida bastante increíble.
La novela, como obra literaria, tiene unos agujeros considerables. Serían perdonables en otros autores, pero en Houellebecq sorprende, ya que siempre se ha caracterizado por ser un narrador más que dotado.
En fin, como decía una crítica en el ABC (uf!) "a Houellebec hay que leerlo, estés o no de acuerdo con él"
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