El rumor del oleaje
Hay quién dice que una historia de amor pura tiene que ser entre adolescentes. Quizá no sea absolutamente cierto, pero, sin duda, es un marco ideal. El descubrimiento, del amor, del sexo, del mundo de los adultos, siempre da un plus de interés a una historia cuyo esquema, por ser universal, es archiconocido y no por ello menos demandado por el público.
La historia que nos ocupa está enmarcada en una remota isla japonesa, donde vive Shinji, joven parco de palabras y que trabaja para mantener a su familia porque su padre murió. Absorto en la mar y el día a día, su mundo se deshace cuando conoce a Hatsue,la hija del hombre más rico del pueblo que se ha criado con otra familia y vuelve ahora al hogar.
Mishima, un clásico, hila la historia con sensibilidad, que no sensiblería, con una sutileza y ternura que sorprenden por el contraste del entorno, enseñándonos que, lo aparentemente frío puede ser cálido.
Además destaca un apasionado y apasionante paisajismo, tanto geográfico como humano. No es Mishima un pintor del alma a la manera de Dostoievski,no, su manera de componer a los personajes es a través de sus actos, gestos, mínimos si se quiere, pero suficientes. Con tres trazos tenemos una personaje que vive y por el que es imposible no empatizar. En cuanto al paisaje geografico, se nota que ama el mundo que retrata, el de los pescadores, y que lo concode desde dentro, ya que la manera de describir los sitios, al igual que las personas, es concisa, abreviada, típicamente japonesa. Es como si, en su deleitación de tal belleza, le costase poner a escribir aquello que siente porque le molesta para gozarlo de manera más plena.
Dicen que esta es una de las historias de amor más bellas de la literatura. Es verdad.
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