El club de los suicidas
Quien se adentre en las páginas de este librito buscando la morbosidad que su título puede prometer, se equivoca. Estas páginas son una novela trágica que se reconvierte en novela de aventuras con un preámbulo trágico. Estructurada en tres historias, se nos presenta a un príncipe muy muy bueno y aburrido, a su fiel servidor y a un joven inquieto, hastiado de vivir. El príncipe y su lacayo por obligación, se ven envueltos, por meras ganas de pasar el rato lo más buenamente que se pueda, en un club donde la gente va a morir. Éste es el prometedor inicio del libro.
Es verdad que el libro, acabada la primera historia, ‘El joven de las tartas’ decae un ápice, pero se mantiene. La conclusión, al más estilo sherlockiano, no está a la altura del resto. Aún así, no nos quedemos en la mera novela de aventuras, sino, en su fuero más interno. Veladamente, en el poso de la copa literaria que rezuma Stevenson, hay una amarga reflexión sobre la sociedad d su época y, por ende, del alma humana.
No son muy gratas las conclusiones que se sacan, aunque se hace un fino hincapié en la posibilidad de redención de clara inspiración cristiana.
Una curiosidad del autor de La isla del Tesoro.
El club de los suicidas,
R.L.Stevenson
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